Todos tenemos un rincón especial, un lugar al que acudíamos cuando eramos niños y queríamos sentirnos protegidos de lo que fuera. Ese lugar que era solo tuyo y después de estar un rato acurrucado ahí, salías y todo era un poquito mejor.
En mi caso ese rincón era el hueco de mi mesa; quitaba la silla, me apoyaba en el lado de la cajonera y estaba segura, pasaban las horas pero ahí dentro no me podía pasar nada.
Hoy he vuelto a ese rincón. Se me hace más pequeño pero sigue siendo sólo mío. Puede que los problemas ahora sean más complejos, pero tengo un lugar donde me encuentro una pequeña Alicia sentada frente a mi. Juntas, en nuestro refugio, nada nos puede asustar, nada nos puede entristecer, nada nos puede hacer daño.
No hay comentarios:
Publicar un comentario